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Revista Cultura Folk Nº 12
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Unknown
| miércoles, 7 de agosto de 2013 |
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La leyenda del Crespín
Son varias las versiones que hablan sobre el origen de ésta
huraña ave pero todas coinciden en el drama que vivió una pareja de campesinos.
El Crespín (Tapera naevia) es un ave de aproximadamente 29
cm. que posee un plumaje ocráceo. Tiene un copete despeinado y eréctil de color
rufo y estriado como el dorso. Su cola es estriada y rufa. La ceja es blanca
mientras que la ceja malar es negra. El pico es amarillento con el culmen
negro. Es un ave pasiva y es mucho más vista que oída. Se alimenta de ratones
chicos y culebras.
Emite un silbido melancólico, aún de noche que ha dado lugar
a las diferentes leyendas. Aquí una de ellas...
Existió una vez en un pueblo rural un matrimonio de
campesinos que vivía del labrado y el cultivo de las tierras.
El problema era que mientras el hombre era trabajador,
paciente y estaba contento con su trabajo, su mujer contrariamente era
despreocupada y haragana, muy amiga de los bailes y las bebidas por lo cual
solía estar triste y malhumorada.
Cierto año en que la cosecha había sido abundante y
aprovechando que su marido Crespín se hallaba en el campo segando el trigo,
decidió abandonarlo comunicándole su decisión a través de un vecino que
encontró en su camino.
Doña Crespina se dedicó a ir de baile en baile disfrutando
de las bebidas, los chipas y los chamamés, ahora que era libre.
A su vez el marido enterado de la situación se resignó a
vivir solo pero no pasaron muchos días sin que cayera enfermo. Enterada, su
mujer, de la situación volvió a visitarlo más que nada por el cargo de
conciencia. Decidió ir a buscarle remedios pero en su trayecto se topó con una
fiesta en un rancho vecino. Con la excusa de descansar los pies se acercó por
un ratito pero pronto se olvidó de su misión al dejarse llevar por la bebida,
el canto y el baile.
Cuando más alegre estaba, vinieron a avisarle que su marido
se había agravado y que quería verla. Pero Crespina le contestó al mensajero
que la vida era demasiado corta para divertirse y larga para sufrir, por lo que
iría en cuanto terminase la fiesta. Lo mismo contestó a los que vinieron a
buscarla el segundo y tercer día. Cuando le avisaron que su esposo había
fallecido no le dio importancia y siguió en el baile.
Los vecinos lo velaron y le dieron sepultura a Crespín sin
que su esposa interviniera para nada.
Pasados varios días y finalizada la fiesta, Crespina regresó
a su hogar encontrándose en la más terrible soledad. Acongojada pasó días y días
llorando por los campos en busca de su marido llamándolo una y otra vez sin
cesar: - Crespín…Crespín…
Enloquecida por el dolor le imploró a Dios que le otorgara
alas para proseguir con su búsqueda, Dios respondiendo a su suplica la
transformó en ave.
Desde entonces se convirtió en un pájaro solitario que en la
época de cosecha se lo suele escuchar llamando a su compañero con su dolido acento:
- Crespín…Crespín...
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| martes, 7 de agosto de 2012 |
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La Leyenda del Ceibo
Una india cautiva. El deseo de libertad.
La tragedia que da nacimiento al árbol.
Este
árbol (de nombre científico erythrina
cristagalli) originario de nuestro continente es también conocido como seibo, eíbo o bucare.
Crece
en la zona subtropical y pertenece a la familia de las leguminosas (las
semillas se conservan en vainas). El tronco se ramifica a varios metros del
suelo aunque algunos lo hacen desde la base. La corteza es esponjosa y cubierta
con abundante corcho. Pierde sus hojas en invierno y sus flores son de un rojo
carmesí.
Cuentan
las distintas versiones de la leyenda que a orillas del río Paraná vivía Anahí, una indiecita con rasgos toscos
pero con una voz tan dulce que deleitaba a todos los de su tribu durante sus
cantos por la tarde, en honor a los dioses y a su tierra amada…
Mas
un día llegaron los invasores de piel blanca que les arrebataron la tierra, los
privaron de libertad y le quitaron sus dioses.
Anahí
que había sido tomada prisionera junto a los de su tribu pasaba los días
llorando y las noches en vela añorando esos días de libertad.
Una
noche en que el centinela que los cuidaba fue vencido por el sueño, la joven
india intentó escapar. Cuando logró hacerlo, su carcelero despertó. En la
desesperación por lograr su libertad ella hundió un piñal en el pecho del
guardián y huyó rápidamente hacia la selva.
Los
gritos agónicos del moribundo carcelero despertaron a los otros españoles que
enseguida comenzaron con la cacería de la desdichada Anahí.
En
poco tiempo fue apresada por sus perseguidores quienes decidieron, en castigo
por lo que había hecho, condenarla a muerte en la hoguera.
La
ataron a uno de los árboles del lugar y encendieron el fuego. La joven aceptó
su destino y su sufrimiento sin siquiera pronunciar una palabra a pesar que las
furiosas llamas se estiraban abrazándola.
Al
amanecer del día siguiente los españoles se encontraron con que Anahí se había
transformado en un hermoso árbol de relucientes hojas verdes y de rojas flores aterciopeladas como un
símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.
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| jueves, 2 de agosto de 2012 |
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La Telesita
Joven bella gustosa del baile…muchos dicen, de “corta razón”
El fuego truncó su vida…más ella vive en nuestro corazón
Existen varias versiones
acerca de esta joven que vivió en la provincia de Santiago del Estero en
la segunda mitad del siglo XIX.
La leyenda comenta que era una joven llamada Telésfora
Castillo o Telésfora Santillán (según la versión), que vivía en los bosques y
que solía aparecerse en los bailes atraída por la música. Todos la conocían
como Telesita y ella gustaba bailar al son de la música hasta que el amanecer
indicaba el fin del baile… y entonces la joven desaparecía nuevamente en el
bosque hasta que el sonar de los instrumentos, de una nueva reunión, la
volviera a llamar.
Otros dicen que su vida se vio signada por la desgracia, perdiendo
primero a sus padres durante la peste del cólera y a sus dos pretendientes
durante un duelo en que se disputaban su amor.
Todas las versiones acerca de la Telesita, coinciden en que
ella era una joven muy hermosa y bondadosa que alegraba su corazón con los
pasos de nuestras distintas danzas. El fuego tomó su vida… y aunque todos
coinciden en ello, las formas en que esto sucedió varían… que fue cuando se
acercó demasiado al fogón que la calentaba durante las noches… que sus
harapientas ropas se incendiaron cuando una chispa las tocó al pasar ella cerca
del fuego mientras bailaba… que murió en un incendió del monte…
Su muerte la acercó aún más a la gente y pronto se convirtió
en fuente de devoción. Se dice que es milagrosa y que si algo se pierde o es
sustraído es a ella a quien se debe invocar para que aparezca nuevamente.
También se le pide por la salud, por las lluvias y las cosechas…
Para invocarla se realiza el “rito” conocido como la
Telesiada donde el promesante invitará a sus vecinos y familiares para la
reunión a favor de la santa. Sobre una mesa con blanco mantel se colocará una
figura que representará a la Telesita (se la fabrica de papel, trapos o se
forma una figura con masa de harina de maíz) rodeada por velas encendidas y
flores.
El promesante dará inicio a la reunión bailando en pareja
siete chacareras seguidas donde beberá un vaso de aloja, caña, aguardiente,
etc. entre una y otra pieza. Luego se unirán el resto de los asistentes que
bailarán hasta caer rendidos por el cansancio o el alcohol. Con guitarra, bombo
y violín se interpretarán durante la noche entera zambas, gatos y chacareras…
la celebración incluye también empanadas, asado y otros platos típicos…
Al final se prenderá fuego al muñeco de trapo que representa
a la Telesita para recordar su triste final,en cambio si está hecho de harina,
una joven repartirá pequeños trozos a los asistentes junto con un trago de
alcohol.
La leyenda de la Telesita se proyectó en nuestro folklore a
través de la canciones que importantes artistas le escribieron como la
chacarera “La Telesita” de Andrés Chazarreta y Agustín Carabajal o “Digo La
Telesita” escrita y musicalizada por Marcelo Mitre.
Imagen: sextogradoayb-sextogradoayb.blogspot.com.ar
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| viernes, 27 de julio de 2012 |
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