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Revista Cultura Folk Nº 12




La Revista Cultura Folk Nº 12 pertenece a marzo de 2013

  • Sección "A la Voz de Aura": La Huella
  • Sección "Mitos y Leyendas": El Chajá
  • Sección "Fiestas y Festivales": La Promesa
  • Sección "Entrevista con el Arte": Conjunto Folklórico "El Cambio"
  • Sección "Sumando Conocimiento": El Lenguaje del Mate
  • Sección "Comidas Típicas": Alfajor Santiagueño
  • Sección "Concetremos el Conocimiento": Vocabulario Criollo
Revista Cultura Folk Nº 12 

La leyenda del Crespín


Son varias las versiones que hablan sobre el origen de ésta huraña ave pero todas coinciden en el drama que vivió una pareja de campesinos.

El Crespín (Tapera naevia) es un ave de aproximadamente 29 cm. que posee un plumaje ocráceo. Tiene un copete despeinado y eréctil de color rufo y estriado como el dorso. Su cola es estriada y rufa. La ceja es blanca mientras que la ceja malar es negra. El pico es amarillento con el culmen negro. Es un ave pasiva y es mucho más vista que oída. Se alimenta de ratones chicos y culebras.

Emite un silbido melancólico, aún de noche que ha dado lugar a las diferentes leyendas. Aquí una de ellas...

Existió una vez en un pueblo rural un matrimonio de campesinos que vivía del labrado y el cultivo de las tierras.

El problema era que mientras el hombre era trabajador, paciente y estaba contento con su trabajo, su mujer contrariamente era despreocupada y haragana, muy amiga de los bailes y las bebidas por lo cual solía estar triste y malhumorada.

Cierto año en que la cosecha había sido abundante y aprovechando que su marido Crespín se hallaba en el campo segando el trigo, decidió abandonarlo comunicándole su decisión a través de un vecino que encontró en su camino.

Doña Crespina se dedicó a ir de baile en baile disfrutando de las bebidas, los chipas y los chamamés, ahora que era libre.

A su vez el marido enterado de la situación se resignó a vivir solo pero no pasaron muchos días sin que cayera enfermo. Enterada, su mujer, de la situación volvió a visitarlo más que nada por el cargo de conciencia. Decidió ir a buscarle remedios pero en su trayecto se topó con una fiesta en un rancho vecino. Con la excusa de descansar los pies se acercó por un ratito pero pronto se olvidó de su misión al dejarse llevar por la bebida, el canto y el baile.

Cuando más alegre estaba, vinieron a avisarle que su marido se había agravado y que quería verla. Pero Crespina le contestó al mensajero que la vida era demasiado corta para divertirse y larga para sufrir, por lo que iría en cuanto terminase la fiesta. Lo mismo contestó a los que vinieron a buscarla el segundo y tercer día. Cuando le avisaron que su esposo había fallecido no le dio importancia y siguió en el baile.

Los vecinos lo velaron y le dieron sepultura a Crespín sin que su esposa interviniera para nada.

Pasados varios días y finalizada la fiesta, Crespina regresó a su hogar encontrándose en la más terrible soledad. Acongojada pasó días y días llorando por los campos en busca de su marido llamándolo una y otra vez sin cesar: - Crespín…Crespín…

Enloquecida por el dolor le imploró a Dios que le otorgara alas para proseguir con su búsqueda, Dios respondiendo a su suplica la transformó en ave.

Desde entonces se convirtió en un pájaro solitario que en la época de cosecha se lo suele escuchar llamando a su compañero con su dolido acento: - Crespín…Crespín...

La Leyenda del Ceibo


Una india cautiva. El deseo de libertad.
La tragedia que da nacimiento al árbol.

Este árbol (de nombre científico erythrina cristagalli) originario de nuestro continente es también conocido como seibo, eíbo o bucare.

Crece en la zona subtropical y pertenece a la familia de las leguminosas (las semillas se conservan en vainas). El tronco se ramifica a varios metros del suelo aunque algunos lo hacen desde la base. La corteza es esponjosa y cubierta con abundante corcho. Pierde sus hojas en invierno y sus flores son de un rojo carmesí.


Cuentan las distintas versiones de la leyenda que a orillas del río Paraná vivía Anahí, una indiecita con rasgos toscos pero con una voz tan dulce que deleitaba a todos los de su tribu durante sus cantos por la tarde, en honor a los dioses y a su tierra amada…

Mas un día llegaron los invasores de piel blanca que les arrebataron la tierra, los privaron de libertad y le quitaron sus dioses.

Anahí que había sido tomada prisionera junto a los de su tribu pasaba los días llorando y las noches en vela añorando esos días de libertad.

Una noche en que el centinela que los cuidaba fue vencido por el sueño, la joven india intentó escapar. Cuando logró hacerlo, su carcelero despertó. En la desesperación por lograr su libertad ella hundió un piñal en el pecho del guardián y huyó rápidamente hacia la selva.

Los gritos agónicos del moribundo carcelero despertaron a los otros españoles que enseguida comenzaron con la cacería de la desdichada Anahí.

En poco tiempo fue apresada por sus perseguidores quienes decidieron, en castigo por lo que había hecho, condenarla a muerte en la hoguera.

La ataron a uno de los árboles del lugar y encendieron el fuego. La joven aceptó su destino y su sufrimiento sin siquiera pronunciar una palabra a pesar que las furiosas llamas se estiraban abrazándola.

Al amanecer del día siguiente los españoles se encontraron con que Anahí se había transformado en un hermoso árbol de relucientes hojas verdes  y de rojas flores aterciopeladas como un símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.

La Telesita


Joven bella gustosa del baile…muchos dicen, de “corta razón”
El fuego truncó su vida…más ella vive en nuestro corazón

 Existen varias versiones  acerca de esta joven que vivió en la provincia de Santiago del Estero en la segunda mitad del siglo XIX.

La leyenda comenta que era una joven llamada Telésfora Castillo o Telésfora Santillán (según la versión), que vivía en los bosques y que solía aparecerse en los bailes atraída por la música. Todos la conocían como Telesita y ella gustaba bailar al son de la música hasta que el amanecer indicaba el fin del baile… y entonces la joven desaparecía nuevamente en el bosque hasta que el sonar de los instrumentos, de una nueva reunión, la volviera a llamar.

Otros dicen que su vida se vio signada por la desgracia, perdiendo primero a sus padres durante la peste del cólera y a sus dos pretendientes durante un duelo en que se disputaban su amor.

Todas las versiones acerca de la Telesita, coinciden en que ella era una joven muy hermosa y bondadosa que alegraba su corazón con los pasos de nuestras distintas danzas. El fuego tomó su vida… y aunque todos coinciden en ello, las formas en que esto sucedió varían… que fue cuando se acercó demasiado al fogón que la calentaba durante las noches… que sus harapientas ropas se incendiaron cuando una chispa las tocó al pasar ella cerca del fuego mientras bailaba… que murió en un incendió del monte…

Su muerte la acercó aún más a la gente y pronto se convirtió en fuente de devoción. Se dice que es milagrosa y que si algo se pierde o es sustraído es a ella a quien se debe invocar para que aparezca nuevamente. También se le pide por la salud, por las lluvias y las cosechas…

Para invocarla se realiza el “rito” conocido como la Telesiada donde el promesante invitará a sus vecinos y familiares para la reunión a favor de la santa. Sobre una mesa con blanco mantel se colocará una figura que representará a la Telesita (se la fabrica de papel, trapos o se forma una figura con masa de harina de maíz) rodeada por velas encendidas y flores.

El promesante dará inicio a la reunión bailando en pareja siete chacareras seguidas donde beberá un vaso de aloja, caña, aguardiente, etc. entre una y otra pieza. Luego se unirán el resto de los asistentes que bailarán hasta caer rendidos por el cansancio o el alcohol. Con guitarra, bombo y violín se interpretarán durante la noche entera zambas, gatos y chacareras… la celebración incluye también empanadas, asado y otros platos típicos…

Al final se prenderá fuego al muñeco de trapo que representa a la Telesita para recordar su triste final,en cambio si está hecho de harina, una joven repartirá pequeños trozos a los asistentes junto con un trago de alcohol.

La leyenda de la Telesita se proyectó en nuestro folklore a través de la canciones que importantes artistas le escribieron como la chacarera “La Telesita” de Andrés Chazarreta y Agustín Carabajal o “Digo La Telesita” escrita y musicalizada por Marcelo Mitre.

Imagen: sextogradoayb-sextogradoayb.blogspot.com.ar